lunes, 1 de junio de 2026

EL ECOSISTEMA INVISIBLE, Y CÓMO LA ESTRUCTURA DEL MERCADO MUSICAL PERUANO LIMITA LA FIRMA DEL TALENTO LOCAL

 












Estoy seguro de que este artículo será incómodo para algunos… o para todos. En muchas conversaciones que tengo entre músicos y profesionales de la industria, casi siempre se intenta explicar la ausencia de artistas peruanos en el roster de las majors desde la sospecha o la frustración, como si se tratara de una falta de interés por el talento nacional. Sin embargo, cuando se profundiza en el funcionamiento interno del ecosistema -la estructura del mercado, los incentivos de recaudación y la forma en que se toman decisiones desde oficinas regionales- la respuesta se vuelve mucho más compleja. No es que haya un desprecio cultural ni de falta de voluntad, sino que es un sistema que, por diseño, invisibiliza el verdadero valor del repertorio local. Este ensayo busca entender esa lógica sin demonizarla ni caricaturizarla, pero también sin ignorar cómo perpetúa una distorsión que afecta a toda la industria local, y cómo un sinceramiento de la data de consumo podría transformar por completo el panorama.

El primer problema estructural es crucial: el Perú carece de datos amplios, consistentes y verificables sobre el consumo musical real. Si bien la música made in Perú tiene una presencia significativa en radios, televisión, eventos y locales públicos, las regalías de derechos conexos no se mueven necesariamente en la misma dirección. La falta de información representativa incrementa esa percepción de riesgo y reduce la capacidad de justificar inversiones. Desde la perspectiva de una major, el problema no es solo la superficialidad de la data, sino la ausencia de información auditada, defendible y metodológicamente sólida. No basta con que la música peruana suene más, tiene que resonar además dentro de un sistema que la oficina regional considere confiable. Y hoy, para bien o para mal, los datos que arroja Perú no siempre son percibidos como lo suficientemente robustos en términos de cobertura y trazabilidad como para justificar inversiones millonarias. Ojo, no es mala fe, es simplemente gobernanza corporativa.

A esto se suma la lógica interna de las majors, donde los incentivos suelen premiar la inacción. Las oficinas peruanas no operan con autonomía plena, sino como extensiones administrativas de oficinas subregionales que priorizan un catálogo internacional, campañas globales y la ejecución comercial. Firmar un artista local implicaría asumir riesgos que la oficina peruana no controla; adelantos, producción, marketing, desarrollo artístico y la obligación de justificar cada decisión ante una oficina regional que no siempre entiende el mercado peruano. En ese contexto, esa inacción no es desinterés, es básicamente un mecanismo de autoprotección y sobrevivencia. Además, dentro de esa lógica corporativa, entre muchos ejecutivos aflora una verdad incómoda: si te va bien, nadie te premia; si te va mal, te cierran el área. Con ese "incentivo", la opción más segura es no moverse, estar quieto en primera, calladito más bonito. Después de todo, crecer firmando talento local implica crecer en estructura, en accountability y en exposición interna; una oficina que empieza a firmar artistas debe justificar headcount, reportes, KPI’s y decisiones estratégicas, y muchas prefieren evitar ese crecimiento porque no tienen autonomía, no tienen presupuesto y no pueden asumir riesgos que no controlan. Permanecer pequeños, operativos y previsibles es más seguro que intentar construir una división de A&R que podría no recibir apoyo regional. Eso no es “ser malo”; es, simplemente, ser predecible.

Esta dinámica se agrava por la distorsión entre el consumo real y la distribución de regalías. La recaudación en el Perú depende de muestreos limitados, declaraciones manuales y sistemas que favorecen repertorios más fáciles de identificar, como el de las majors. Esto beneficia a quienes ya están posicionados en la estructura de distribución y refuerza la idea de que el mercado local es pequeño, informal o poco rentable. Sin datos no hay business case, sin business case no hay presupuesto, y sin presupuesto no hay firmas de artistas locales. UNIMPRO, como toda sociedad de gestión colectiva, tiene que equilibrar eficiencia operativa, sostenibilidad y representatividad; y -hay que ser justos- ampliar el monitoreo cuesta plata, cuesta gente, cuesta tiempo, y exige mayor complejidad administrativa. El argumento de “costo/beneficio” es absolutamente comprensible desde la gestión, pero esa comodidad a su vez perpetúa un modelo que no refleja el consumo real.

Si el monitoreo reflejara lo que realmente se escucha en el Perú, estoy seguro de que el valor económico del catálogo local se dispararía. Pero, en ese escenario, las majors enfrentarían un dilema ya visto en otros países ibero-latinoamericanos: o se vuelcan a firmar talento local para capturar ese valor, o quedan relegadas en un mercado donde el repertorio nacional domina. Y sí, las majors saben que eso podría pasar… pero no necesariamente les conviene. Un mercado donde el repertorio local domina, como en muchos países de la región, exige invertir, competir, arriesgar y justificar decisiones. Hoy, Perú es un mercado donde las majors -a través de sus oficinas subregionales- ganan sin hacer nada de eso.

A todo esto se suma un vacío organizacional que casi nunca se menciona: la falta de un gremio articulador. A diferencia de Brasil con ABMI, México con AMPROFON o España con PROMUSICAE (gremios empresariales que impulsaron cambios en monitoreo, políticas públicas y articulación industrial), en el Perú la industria está fragmentada. No hay un frente unificado, no hay presión política ni mediática suficiente y no existe una entidad que represente a los productores independientes y demás actores del ecosistema. SONIEM, UNIMPRO y APDAYC cumplen funciones esenciales, y a veces son los llamados para hacer esa labor, pero ese trabajo -en realidad- no les corresponde, pues su misión es recaudar y repartir derechos, no diseñar estrategias para la industria. Una sociedad de gestión colectiva administra derechos, pero un gremio administra estrategia. Eso lo ha entendido bien países que tienen una industria musical sólida, pero no el Perú.

Debo decir que, para otros foros, también he hecho investigaciones sobre este tema (la ausencia de artistas peruanos en firmados por las multis), y es evidente que intervienen muchísimos más factores, desde los más hondos -históricos, sociales, políticos, étnicos- hasta los estrictamente sectoriales, como la necesidad de profesionalización de ciertos agentes musicales, la informalidad estructural, estándares de calidad, el grado de proyección internacional, la ausencia de políticas públicas con rumbo, entre muchos otros. Todos son argumentos válidos, relevantes y merecen una discusión propia, pero no entraré en ellos aquí, porque si abro ese capítulo, este artículo no termina nunca.

La oportunidad está. El Perú tiene un ecosistema musical vibrante, diverso y económicamente significativo, pero la comodidad de las estructuras actuales y la falta de monitoreo profundo contribuye a impedir que ese valor se traduzca en inversión, desarrollo y retorno de producto local con proyección internacional. La solución no pasa solo por modernizar el monitoreo, ni por crear gremios, ni por reformar una sola institución, sino por un rediseño integral del ecosistema: infraestructura de datos confiable, gobernanza coordinada entre entidades, incentivos alineados y mecanismos de articulación que permitan que el mercado funcione como un sistema interdependiente. Ningún acto aislado resolverá el problema; solo un enfoque sistémico permitirá que el valor real del repertorio peruano se refleje en la industria.

En última instancia, la pregunta no es si el talento peruano existe, ni si el mercado es grande o pequeño, ni si las majors podrían beneficiarse de él. La pregunta es cuánto tiempo más se podrá sostener un modelo que depende de no mirar la realidad de frente, y qué tan rápido cambiará el panorama cuando esa realidad -respaldada por datos sólidos, verificables y representativos- se vuelva imposible de ignorar. Cuando los números hablen con claridad, el mercado ya no será una opinión, será un hecho, y los hechos tarde o temprano obligan a moverse.

Junio 2026


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