Muchas veces me enfrasco en conversaciones sobre qué música se escucha más en América Latina, y casi todos mis interlocutores parten por lo mismo: abrir Spotify, revisar los rankings y mirar qué artistas dominan las redes. Y sí, tiene lógica; las plataformas digitales se han vuelto el principal termómetro del consumo musical y la forma de consumo que sostiene a la industria.
Pero (siempre hay un “pero”
incómodo), hace poco tuve acceso a un estudio de sintonía radial de Lima y me
hizo dudar. Como suele pasar, el survey mezclaba emisoras musicales e
informativas. Nada nuevo para quienes hemos seguido de cerca la radio en el
Perú, y lo pueden ver aquí:
Me puse a clasificarlas. Nueva Q,
La Karibeña, Panamericana, Megamix, Comas y Canto Grande fueron a cumbia y
tropical. Radiomar y La Tremenda, a salsa. Moda, La Zona y Onda Cero, a
urbanas. La Inolvidable, Felicidad y Ritmo Romántica, al segmento romántico. Y
Mágica, Oxígeno, Planeta, Studio 92 y Radio Disney, a pop y rock internacional
(no quiero entrar en diatribas sobre si esta agrupación es "accurate"
o no; es sencilla y rápida). El resultado:
Mi conclusión es evidente a todas luces: la cumbia lidera, y por una diferencia grande, bien grande. La audiencia acumulada de las radios de cumbia supera ampliamente a la de las principales emisoras urbanas.
Lo curioso es que quien mire solo
Spotify, YouTube o TikTok probablemente concluya lo contrario. Los rankings
digitales están llenos de Bad Bunny, Feid, Karol G, Rauw Alejandro o Quevedo, y
las redes giran alrededor de ellos. ¿Cómo puede la radio mostrar algo tan
distinto? La respuesta comienza por
entender que Spotify no mide el mercado musical, mide a los usuarios de
Spotify. Las plataformas representan mejor a ciertos segmentos: gente más
joven, más urbana y con hábitos digitales consolidados. Cuando miramos sus
rankings vemos solo una parte del mercado.
La radio, en cambio, llega a lugares donde la música se consume con otra
lógica. Se escucha en taxis, mercados, restaurantes, bodegas, micros,
talleres y oficinas, y un gran etcétera. De hecho, según el último estudio de
CPI sobre audiencia musical, el 17.1% de quienes escuchan música urbana lo hace
solo por radio, el 74.1% por radio Y plataformas, y apenas el 8.8% solo por
plataformas. Y ojo, en muchos de esos lugares nadie elige: la música es una
experiencia compartida.
Por eso las dos métricas, aunque
válidas, describen cosas distintas. Spotify mide una decisión individual; casi
siempre un stream lo escucha una sola persona. La radio mide una
exposición colectiva: cuando suena en un restaurante, una bodega o una
oficina, la oyen muchas personas a la vez.
Pero también hay una diferencia
entre géneros. La música urbana se consume sobre todo de forma personal, con el
celular, los audífonos, en el gimnasio o en redes. La cumbia funciona muy bien
como música de fondo. Puede acompañar todo un día de trabajo, una reunión
familiar o un día entero en un negocio sin molestar a públicos muy distintos, y
eso probablemente explica parte de su fuerza en la radio.
Y tengo que hacer un disclaimer:
los datos del survey son solo de Lima Metropolitana, así que no puedo decir que
describan con exactitud a todo el Perú. Aun
así, Lima es probablemente el mercado más urbano, más digitalizado y más
expuesto a las tendencias globales del país. Si hay una ciudad peruana donde el
reggaetón debería sacarle una ventaja fuerte a la cumbia, es Lima, y, sin embargo, al agrupar la audiencia radial
por género, la cumbia sigue muy por delante. ¿Sería la diferencia aún mayor a nivel
nacional? Con los datos que tengo no puedo afirmarlo (haría falta acceso a un
estudio nacional). Pero sospecho que el dominio de la cumbia se mantendría,
o incluso crecería, al sumar regiones donde históricamente ha tenido mucha
presencia.
Creo que esto pasa en otros
países de América Latina. Confundimos visibilidad digital con consumo total. Asumimos que lo viral en TikTok domina el
mercado, o que lo que lidera Spotify representa a toda la población, y muchas
veces no es así. Un género puede dominar el streaming y no ser el que acompaña
a más gente en el día a día. Y una canción puede generar poca conversación en
redes y estar presente en hogares, comercios y oficinas.
Spotify muestra una parte de
la película, la radio otra (y para colmo, los conciertos en vivo otra más).
Hay que mirarlas juntas y contrastarlas para entender cómo consume música una
sociedad.
Quizás por eso este análisis resulta relevante más allá de la discusión entre cumbia y reggaetón. Artistas, sellos, managers o anunciantes toman decisiones estratégicas a partir de métricas de consumo. Y si esas métricas provienen de una sola fuente, existe el riesgo de confundir una parte del mercado con el mercado completo. En una industria cada vez más obsesionada con los datos, la verdadera ventaja competitiva podría estar en saber qué datos estamos dejando fuera del radar
Que la cumbia lidere la radio
limeña tal vez muchos ya lo intuían. Lo que me parece interesante es que
incluso en una de las ciudades más digitalizadas de la región, la música más
visible no coincide con la de mayor alcance. Me quedo con las ganas de hacer
el mismo ejercicio a nivel nacional.
Noviembre 2026


